
La caries es una de las enfermedades dentales más frecuentes en la etapa infantil. Consiste en una destrucción progresiva del diente y se trata de un proceso que empieza en el exterior –destruyendo el esmalte– y que progresa hacia el interior, desmineralizando las diferentes capas dentales.
Al principio, cuando la caries solo afecta al esmalte, no es dolorosa. Es a medida que avanza cuando se empiezan a notar molestias, especialmente cuando el diente entra en contacto con cosas calientes o frías.
Si no se trata lo antes posible, la caries puede llegar a dañar el nervio, causar una fractura de la pieza afectada e incluso causar la pérdida del diente.
Además, en ocasiones, una caries puede incluso provocar alteraciones del sueño, dificultar la ingestión y digestión de alimentos y, en niños, hasta afectar la comunicación, el aprendizaje y el juego, y causar una reducción de la autoestima.
La caries es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia, por delante del asma y de la rinitis alérgica, por lo que mantener una buena salud dental de pequeños es necesario para lograr una salud dental óptima.
Hay muchos factores que influyen en la aparición y el desarrollo de caries. La condición más importante en los niños es la presencia prolongada de carbohidratos (azúcares) en la boca, que normalmente se da cuando se ingiere con frecuencia una alta cantidad de alimentos y bebidas dulces. Además, esta enfermedad infecciosa también está asociada a la ausencia o la mala higiene oral, a no utilizar dentífrico o a la presencia de defectos en el esmalte, que favorecen su aparición y determinan su gravedad. También hay personas más propensas que otras a padecer este problema.
La caries, desde que aparece, evoluciona en distintas fases:
Tanto los padres, en casa, como los profesores y los monitores, en la escuela, deberían enseñar y asegurarse de que los niños llevan a cabo una serie de acciones diarias para evitar que se produzcan caries en los dientes.
El deterioro precoz de los dientes puede llegar a afectar la masticación de los alimentos, y esto puede dificultar una correcta digestión y asimilación de los nutrientes ingeridos, con las consecuencias que ello puede acarrear.
Además, las caries deben tratarse a tiempo para evitar los procesos infecciosos que pueden derivarse y evitar el dolor asociado, ya que pueden llegar a ser muy molestas. En el caso de los niños, si no se hace nada al respecto, posteriormente, con la aparición de los dientes definitivos, podrían presentar manchas o malformaciones.
El odontólogo, en la consulta, realizará una inspección visual, usando un espejo y una sonda dental, para determinar si un diente presenta o no caries. También puede servirse de la exploración radiológica, que proporcionará más información sobre la extensión de la caries y sobre las lesiones que se hayan producido. En función de la gravedad, recomendará un tratamiento u otro.
Si tu hijo nota molestias al masticar, presenta sensibilidad dental o tiene alguna mancha en un diente, puede que tenga alguna caries. Instaura pautas de higiene diarias y pide cita con el dentista para acabar lo antes posible con el problema.
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